Descripción
Tuttomondo es un gran mural de Keith Haring en la pared de la casa parroquial de la iglesia de Sant'Antonio Abate, en Pisa, cerca de la estación. Mide unos 180 metros cuadrados, diez de alto por dieciocho de ancho: treinta figuras de colores encajadas entre sí.
Haring lo pintó en junio de 1989 en pocos días, con la ayuda de estudiantes y artesanos. Es su última obra pública antes de morir, en 1990, y la única pensada para durar. El título, elegido por él, está en italiano: algo raro en sus obras.
Todo empezó con un encuentro en Nueva York. Haring conoció a un estudiante florentino, Piergiorgio Castellani, que lo invitó a la Toscana. En Pisa le entraron ganas de pintar una pared: la única libre era la del convento de Sant'Antonio, medio destruido por las bombas.
El mural habla de paz y armonía. En el centro, cuatro muñequitos unidos por la cintura forman la cruz pisana. Arriba a la derecha, dos figuras humanas unidas como un par de tijeras cortan una serpiente: el bien que vence al mal.
Más arriba un hombre lleva un delfín a hombros, y a la izquierda hay un perro, un mono y un pájaro: el vínculo con la naturaleza. Una mujer con un niño y un hombre con un televisor en lugar de cabeza muestran la vida natural y la tecnología que cambia sus ritmos.
Se notan también dos parejas de gemelos siameses, quizá una advertencia contra los desastres nucleares, y una figura amarilla arriba a la izquierda, parecida a una matrioska, para recordar que todos son iguales en derechos y deberes.
Abajo, a nivel de la calle, camina un muñequito amarillo: es el transeúnte, o el turista, que se detiene un momento ante la obra antes de seguir hacia la Torre.
El mural fue limpiado en 2011 por la Fundación Haring, con la misma empresa que en 1989 había regalado la pintura. Luego, en 2012, una sustancia protectora frenó el envejecimiento de los colores.
Haring lo pintó en junio de 1989 en pocos días, con la ayuda de estudiantes y artesanos. Es su última obra pública antes de morir, en 1990, y la única pensada para durar. El título, elegido por él, está en italiano: algo raro en sus obras.
Todo empezó con un encuentro en Nueva York. Haring conoció a un estudiante florentino, Piergiorgio Castellani, que lo invitó a la Toscana. En Pisa le entraron ganas de pintar una pared: la única libre era la del convento de Sant'Antonio, medio destruido por las bombas.
El mural habla de paz y armonía. En el centro, cuatro muñequitos unidos por la cintura forman la cruz pisana. Arriba a la derecha, dos figuras humanas unidas como un par de tijeras cortan una serpiente: el bien que vence al mal.
Más arriba un hombre lleva un delfín a hombros, y a la izquierda hay un perro, un mono y un pájaro: el vínculo con la naturaleza. Una mujer con un niño y un hombre con un televisor en lugar de cabeza muestran la vida natural y la tecnología que cambia sus ritmos.
Se notan también dos parejas de gemelos siameses, quizá una advertencia contra los desastres nucleares, y una figura amarilla arriba a la izquierda, parecida a una matrioska, para recordar que todos son iguales en derechos y deberes.
Abajo, a nivel de la calle, camina un muñequito amarillo: es el transeúnte, o el turista, que se detiene un momento ante la obra antes de seguir hacia la Torre.
El mural fue limpiado en 2011 por la Fundación Haring, con la misma empresa que en 1989 había regalado la pintura. Luego, en 2012, una sustancia protectora frenó el envejecimiento de los colores.